Café y función cognitiva: qué sugiere un gran estudio (y qué no puede prometer)

V60 de porcelana sobre jarra de vidrio con café filtrado, granos y cuchara medidora en bandeja, junto a cuaderno abierto sobre mesa de madera con luz natural suave.

Tomar café puede sentirse como un gesto cotidiano. Pero cuando hablamos de salud cognitiva —memoria, claridad mental, riesgo de demencia— la pregunta importante no es “¿me espabila?”, sino: ¿hay evidencia a largo plazo?

Un estudio publicado en JAMA analizó durante décadas el consumo de café (distinguiendo con cafeína y descafeinado) y lo relacionó con riesgo de demencia y con medidas de función cognitiva. El hallazgo principal es sobrio, interesante y fácil de malinterpretar si se comunica mal: el café con cafeína se asoció con menor riesgo de demencia, con una asociación más marcada en consumos moderados. 

A partir de aquí, vamos con hechos.


1) Qué estudiaron exactamente

Este trabajo es un estudio prospectivo de cohortes (observacional). Eso significa que no “da” café a la gente: observa lo que consumen y lo relaciona con resultados en salud a lo largo del tiempo.

  • Participantes: 131.821 personas
    • 86.606 mujeres (Nurses’ Health Study)
    • 45.215 hombres (Health Professionals Follow-up Study) 
  • Duración: hasta 43 años de seguimiento (mediana 36,8). 
  • Casos de demencia observados: 11.033. 
  • Consumo: evaluado de forma repetida (cada 2–4 años). 

Clave ética (y científica): al ser observacional, el estudio puede mostrar asociaciones robustas incluso tras ajustar por factores de confusión, pero no demuestra causalidad.


2) Café con cafeína y riesgo de demencia: el dato central

Tras ajustar por “posibles factores de confusión” (tal como indica el artículo) y combinando resultados de ambas cohortes, el estudio encontró que un mayor consumo de café con cafeína se asoció con menor riesgo de demencia.

En concreto, al comparar el cuartil más alto de consumo con el más bajo:

  • Hazard ratio (HR): 0,82 (IC 95%: 0,76 a 0,89). 
  • En términos de tasa reportada por los autores: 141 vs 330 casos por 100.000 persona-años (alto vs bajo). 

Cómo leer esto sin exagerar: en esta muestra y bajo este diseño, quienes estaban en el tramo más alto de consumo de café con cafeína presentaron menos casos de demencia que quienes estaban en el tramo más bajo. Punto.


3) Declive cognitivo subjetivo: una señal adicional

Además del diagnóstico de demencia, analizaron declive cognitivo subjetivo (la percepción de que la función cognitiva empeora).

De nuevo, comparando cuartil alto vs bajo de café con cafeína:

  • 7,8% vs 9,5%
  • Prevalence ratio (PR): 0,85 (IC 95%: 0,78 a 0,93). 

Lectura prudente: la asociación también aparece en una medida “subjetiva”, pero eso no sustituye un diagnóstico clínico ni convierte el café en intervención terapéutica.


4) Cognición objetiva: mejoras modestas (y un resultado que no llega a significación)

En la cohorte de mujeres (NHS) evaluaron rendimiento cognitivo objetivo. Los resultados son modestos, y eso es precisamente lo que los hace creíbles.

  • TICS (test cognitivo): diferencia media +0,11 (IC 95%: 0,01 a 0,21) en el cuartil más alto vs más bajo. 
  • Cognición global: diferencia media +0,02 (IC 95%: −0,01 a 0,04), y aquí el estudio indica que no fue estadísticamente significativo (P = .06). 

Esto último es importante: el paper no “fuerza” un mensaje triunfalista. Donde no hay significación, lo dicen.


5) ¿Cuánto café? El punto fuerte fue el consumo moderado

El estudio describe una asociación “más pronunciada” en niveles moderados de ingesta.

  • Específicamente, señala que el efecto fue más marcado alrededor de 2–3 tazas al día. 

Esto desactiva una idea peligrosa: no es un “cuanto más, mejor” (y desde una marca seria, tampoco debería comunicarse así).


6) El descafeinado: un matiz que mucha gente omite

El propio trabajo lo dice de forma directa:

  • El café descafeinado no se asoció con menor riesgo de demencia. 
  • Tampoco se asoció con mejoras en función cognitiva, en los análisis reportados. 

Ojo: esto no significa que el descafeinado “sea malo”. Significa algo más sobrio: no aparece la misma señal estadística que con el café con cafeína en este análisis.


7) Qué podemos decir (y qué no) si queremos ser honestos

Podemos decir:

  • En un estudio observacional grande y con seguimiento largo, el café con cafeína se asocia con menor riesgo de demencia y con señales de mejor rendimiento cognitivo (modestas). 
  • La asociación parece más marcada con consumo moderado (2–3 tazas/día). 

No podemos decir (por rigor):

  • Que el café prevenga demencia (causalidad no demostrada).
  • Que “mejore la memoria” en cualquier persona (los efectos son promedios poblacionales).
  • Que sea un sustituto de sueño, dieta, ejercicio o atención médica.

Este es el tipo de mensaje que diferencia divulgación seria de marketing oportunista.


Conclusiones

En Quindaya nos interesa el café como lo que es: una experiencia sensorial, cultural y precisa. Si además la ciencia sugiere que el café con cafeína, en un rango moderado, se asocia con mejores desenlaces cognitivos, lo tratamos como corresponde: con curiosidad, sin convertirlo en medicina.

Porque el lujo real no es exagerar.

Es saber elegir —y saber leer.


Fuentes consultadas

  • Zhang, Yu; Liu, Yuxi; Li, Yanping; et al. “Coffee and Tea Intake, Dementia Risk, and Cognitive Function”. JAMA, publicado online 9 de febrero de 2026. doi: 10.1001/jama.2025.27259. 

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